ANÁLISIS – SONIC MANIA

PARA SER TAN BUENOS, HACEN FALTA AÑOS, Y ESE ES EL PUNTO FUERTE DE SONIC MANIA

Sin Sonic como mascota y como parte de los packs con que se empezó a vender Mega Drive desde 1991, la Sega consolidera no habría sido la que fue. Veintiséis años después, vuelve a correr como lo hizo en 16 bits, esta vez sin el peso de tener que derrotar a un fontanero.

La trayectoria del erizo azul ha sido una montaña rusa. Sus plataformas para consolas de 16 y  8 bits hicieron historia, y los Adventure de Dreamcast también fueron sobresalientes. Sin embargo, tras la conversión de Sega en third party, cada juego ha sido una moneda al aire. Con algunos salió cara, con otros tocó cruz, con Sonic the Hedgehog (2006), Boom o Sonic 4. Éste último, dividido en dos episodios, pretendía recuperar la jugabilidad bidimensional de antaño, pero se estampó.

Mientras esas medianías veían la luz, Christian Whitehead, un desarrollador indie australiano, asombraba con Retro Sonic, un juego fan hecho con su propio motor gráfico, el Retro Engine. Su trabajo no pasó inadvertido para Sega, que le solicitó versiones móviles de Sonic CD, 1 y 2. Tan bien salieron… que le acabaría encargando hacer Sonic Mania. Aunque parezca una broma, ha tenido que venir un fan para darle una lección al Sonic Team sobre cómo hacer un juego 2D de su propia IP.

 

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El erizo vuelve a sacar sus púas en Sonic Mania

Sonic Mania recupera todo lo que hizo grandes a los cinco Sonic 2D de Mega Drive (aunque CD requería tener el Mega CD); jugabilidad, gráficos, música… Se han resucitado muchos elementos clásicos, en especial fases y jefes, pero estamos ante un juego completamente nuevo, que bien podría considerarse el más completo de la saga. No en vano, consta de veinticuatro pantallas, ambientadas en doce fases. Solo el doble cartucho Sonic 3 & Knuckles se le podría comparar. De esas fases, cuatro son ineditas y ocho, viejas conocidas; Green Hill, Chemical Part, Oil Ocean, Hidrocity, Flying Battery, Lava Reef, Stardust Speedway y Metallic Madness. Además, hay multitud de guiños a otras fases clásicas, aunque no estén presentes.

Hay tres personajes jugables; Sonic, Tails y Knuckles. Como siempre, los dos primeros van acompañados de la mano, lo que permite el cooperativo, aunque el zorro tiene a quedarse descolgado, lo que puede ser frustrante para el segundo jugador, salvo en los jefes, donde resulta prácticamente útil. Las fases son casi las mismas para los tres, pero cada uno cuenta con unas habilidades muy diferenciadas. Sonic es el más rápido y puede sacar más partido a los escudos especiales, mientras que Tails puede volar por tiempo limitado. Por su parte, Knuckles puede planear y trepar por paredes, por muy verticales que sean.

Una de las grandes virtudes de Sonic Manía son sus peculiaridades jugables y, a su vez, las dos pantallas de cada fase son muy diferentes. Por ejemplo, Green Hill 2 tiene unas tirolinas que no salen en Green Hill 1. Cada fase tiene un enfoque totalmente distinto del plataformeo, así como unos enemigos propios. Añadiendo algo como que los escenarios son más verticales y tienen más caminos potenciales por los que ir. Además, hay un total de veinticinco jefes, entre las múltiples encarnaciones de  Robotnik y sus esbirros, cada uno con sus propios patrones de ataque.

 

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Completar la aventura lleva entre 3 y 4 horas. Algo más de tiempo necesitaréis si queréis obtener las siete esmeraldas del caos y desbloquear al invencible Super Sonic. Para acceder a las secciones de bonus hay que buscar unos anillos grandes ocultos en cada pantalla, como sucedía en Sonic 3 y Sonic & Knuckles. Unas vez dentro, hay que cazar ovnis.

Como complemento hay dos modos de juego extra. El primero es Crono, donde se nos reta a superar cada pantalla, sin apenas enemigos, en  el menor tiempo posible, con rakings online.

En relación  con la duración y la jugabilidad, el juego solo cuesta 20€, pero incomprensiblemente, Sega ha decidido sacarlo sólo en formato digital, lo que es una pena.

Una esmeralda de 16 bits

Sonic Mania es una puesta al día soberbia del apartado audiovisual que tenía Sega en los 90. Su arte pixelado es un deleite para la vista, en especial por el diseño y las animaciones. Los escenarios tampoco se quedan atrás, pues no solo son bonitos, sino que tienen gran incidencia en la jugabilidad. La banda sonora está llena de melodías de ésas que se graban y no puedes evitar tararear cuando la consola o pc ya está apagado. Las fases clásicas tienen el tema original de Mega Drive y un remix para la segunda pantalla, y los efectos también son pura nostalgia. Sonic ha recuperado la esmeralda.

 

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